domingo 18 de marzo de 2007

Teoría de los Cuatro Universos

PETER CONSTANTINI

Sam Javanrouh, Nieve sobre azul (wvs.topleftpixel.com, 2007)

El filósofo está enamorado de la verdad.
PLATÓN

I

Llamemos universo A a ese en el que (Melibé dixit anteayer) las cosas se dan así:

Las historias sólo suceden a quienes son capaces de contarlas, había dicho alguien una vez. De la misma manera, quizá, las experiencias sólo se presentaban a quienes eran capaces de tenerlas.

Anotemos esta idea mediante la siguiente expresión, en la que e representa: “experiencias que suceden sólo a quienes son capaces de tenerlas”, y h: “historias que suceden sólo a quienes son capaces de contarlas”:

A = e, h

Imaginemos luego un universo B, en el que las historias suceden sólo a quienes no pueden contarlas, y las experiencias sólo a quienes no pueden tenerlas:

B = -e, -h

Podríamos pensar, si quisiéramos explorar un poco el asunto, en un universo C (en el que las historias suceden sólo a quienes no pueden contarlas y las experiencias sólo a quienes pueden tenerlas) y un universo D (en el que las historias sólo suceden a quienes pueden contarlas y las experiencias sólo a quienes no pueden tenerlas):

C = e, -h

D = -e, h

II

En el universo A, la relación entre las historias —que suceden sólo a quienes son capaces de contarlas— y las experiencias —que suceden sólo a quienes son capaces de tenerlas— (vale decir: la relación que hay entre h y e) es tal que toda historia está basada en una experiencia. Es decir, que: “Si x es h, entonces x está basada en e”. A su vez, agreguemos que si e es positiva, e es una experiencia “real”; y que si h es positiva, h es una historia “verdadera”:

A = e, h

En A, e es real y h verdadera. Dicho de otro modo: los individuos que habitan el universo A cuentan historias verdaderas basadas en experiencias reales.

Esta interpretación, aplicada a los otros tres universos, nos permitirá establecer los tipos de relaciones presentes en ellos entre el par de variables h y e (historias y experiencias). En el universo B, la experiencia e es “no real” porque tiene signo negativo, y por razón similar la historia h es “no verdadera”:

B = -e, -h

En B, e es no real (imaginaria) y h no verdadera (falsa). O sea: los individuos que habitan el universo B cuentan historias falsas basadas en experiencias imaginarias.

El universo C es más o menos como sigue:

C = e, -h

En C, e es real y h no verdadera (falsa). Vale decir: los individuos que habitan el universo C cuentan historias falsas basadas en experiencias reales.

Y así es el universo D:

D = -e, h

En D, e es no real (imaginaria) y h verdadera. En otras palabras: los individuos que habitan el universo D cuentan historias verdaderas basadas en experiencias imaginarias.


III

En A, todas las historias son verdaderas y parten de experiencias reales. Cada individuo procesa en su mente los datos de sus sentidos y los expone al mundo en forma de enunciados de lenguaje en los que no cuesta entender una coincidencia, un isomorfismo, entre expresión y realidad. Es un universo que nos parece luminoso, transparente, inundado de sinceridad. En A, si usted dice: “Todos los unicornios han ido a esconderse bajo las faldas de la Virgen María” es porque en verdad todos los unicornios han ido a esconderse bajo las faldas de la Virgen María. Ya sea porque la Virgen, su falda y los unicornios debajo de ella hayan existido desde siempre, o porque comiencen a hacerlo en el preciso instante en que usted lo dice, no hay manera de mentir, no hay resquicio por donde mentir. En A es imposible que nadie diga jamás estas tres palabras en este orden: “Soy un mentiroso”.

Aquellos a quienes el ambiente de A les resulte opresivo, especie de Edén obligatorio en que la Serpiente —la mentirosa por antonomasia— jamás asomará su frías narices, hallarán que todas las historias surgen de experiencias irreales y son falsas en B. Lo que los habitantes de B cuentan en sus historias no coincide con la configuración física de ese universo. Estos seres a) obtienen los datos no de sus sentidos, sino de otras fuentes (sueños, imaginaciones, otras historias falsas); b) o bien, aunque quizá los obtienen y los procesan, no hacen historias con ellos. Si bien todas las historias que se narran en B son falsas, no sabemos en qué medida los individuos están enterados de ello: tal vez nadie allí esté consciente de ser un mentiroso; o tal vez sí lo esté, pero no sospeche que todos sus congéneres también lo son.

En C, todas las historias son falsas pese a basarse en experiencias reales. No sabemos qué es lo que sucede dentro de las mentes de los individuos que habitan este universo. Conocen la realidad que los circunda porque pueden experimentarla correctamente a través de sus sentidos, lo que significa que no están locos (no todo el tiempo, al menos). No obstante, no dicen otra cosa que falsedades. ¿Por qué? ¿Qué ganan con ello? Todo lo que se habla y se escribe en el universo C es ficción. Acaso sean demasiado idealistas, acaso su mundo sea horrendo: acaso debamos perdonarlos. Si experimentar la realidad les da ganas de mentir, ¿qué les produce el sueño?

En D, todas las historias son verdaderas pero parten de experiencias irreales. Este universo no es más extraño ni menos posible que los anteriores, pero algo en su descripción nos molesta. A nosotros, que quisiéramos vivir en el universo A, que llevamos a cuestas unos cuantos siglos del pesado mandato platónico de amor a una verdad que raramente se nos entrega sin pedirnos un esfuerzo como el que un enamorado realiza para demostrar sus sentimientos a su amada, a nosotros —digo— no nos gustaría recibir en casa a un visitante que llegase desde este mundo de suertudos, en que todo desperdicio se transforma en oro y ninguna Ciencia hace falta. Los habitantes de D hablan de sus alucinaciones y descubren, al contarlas, la Teoría de la Relatividad. No pueden referirse a una intuición pasajera sin acertar a la posición de la estrella más lejana en el firmamento, ni improvisar un chiste procaz que no especifique, con precisión incontrovertible y para toda la eternidad, el sentido de la existencia.

última revisión: 19 mar 07