MARCELINO RETAMAR

Paul Richter, Études Cliniques sur la Grande Hystérie ou Hystéro-Épilepsie (1885)
Parte 2: Fase de grandes movimientos
6 de agosto – 5 de octubre
P. S... (Días después de anotar lo de arriba, encuentro esto y empiezo a escribir; al rato Lennon irrumpe en mi imaginación y nos ponemos a charlar):
El eslogan “paz y amor”, pronunciación atolondrada e inútil, ¿no fue un latiguillo en una comedia para niños representada no muy lejos de donde los desastres, inmunes a mantras, seguían sucediendo? John: Gracias por tu música y tus letras, pero ojalá nunca hubieras hecho nada por la paz.
¿Por qué, si no hice nada?
Pues por eso: Ya que nada hiciste, ¡ojalá no hubieras hecho nada de lo que no hiciste!
Yo deseaba que le diéramos una oportunidad a la paz.
Ah, pero la paz es un no-hacer determinado, una puntual abstención. ¿Cómo convencer a otros para que adhieran a ese no-hacer, sin usar uno mismo la violencia, o sin ostentar una fuerza para la violencia, sin traicionar el mandamiento? ¿A través de qué proselitismo se puede universalizar un no-acto sin incurrir en amenazas y castigos, los que tarde o temprano romperán la paz, pues si el pacifista no impone su ley firmemente, otros lo derrocarán para establecer la suya? John, ¿cómo puede haber paz-en-el-mundo si un loco te ataca para asesinarte, si tu pacifismo es tu mayor debilidad? El pacifismo sólo funciona si todos somos pacifistas. La paz, como propiedad global, de un conjunto, requiere que absolutamente todos sus elementos compartan el mismo valor, y que ese valor sea la efectiva abstención de la violencia, bajo cualquier circunstancia. Es el elemento neutro, como el 1 en la multiplicación y el 0 en la adición. Cualquier irregularidad, cualquier astilla en su uniformidad, cualquier 2 en el cálculo, y la justa estantería se nos cae: y las víctimas inocentes aplastadas por el peso de la letra vencida nos duelen, y nos duele el pacto que ya no es. La paz es como el valor veritativo V en una conjunción: basta con agregar un valor F, sólo uno, y por esa herida el esquema pierde toda su verdad; se desangra. Además, es la oportunidad no aprovechada, la opción irrealizada, la Naturaleza desconociendo el horror al vacío: De los animalitos que se ocultan, la violencia es esa agua que sabe colarse a través de las rendijas más angostas. En otras palabras: un ser humano ocupará siempre todo espacio de violencia disponible a escondidas de la fuerza de alguna ley, ya fuese reducido (agarrarse a piñas) o grande (una matanza). Hay una violencia incorpórea, sin espacio, que es la de las palabras. Internet, lugar virtual, es morada ideal para quienes gusten de tratar con esa sustancia inmaterial, la de las amenazas y los insultos: En la red, y lo digo en forma de chiste, esta violencia es para cualquier ley una burbuja de aire en una botella de soda sin agua. En la red, y no es chiste, nadie va en cana si transgrede el artículo 149 bis del Código Penal: “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que hiciere uso de amenazas para alarmar o amedrentar a uno o más personas”. Hay ejemplos a pocos clicks de acá... Tengo que ir a votar, me voy.
Pará un segundo. Nada de paz, entonces, pero ¿y el amor?
Me encantaría contarte qué creo sobre el amor, pero no tengo tiempo... Para que vayas entendiéndome: el amor y la paz son frecuentemente irreconciliables.
Entonces te gusta odiar. ¿Eso es lo que querés, que todos nos odiemos?, ¿que solucionemos las guerras con más odio?
No, no, no. No te hablo de lo que quiero que hagan los demás. Podría, pero no es lo que estoy haciendo en este momento. No malinterpretes. Lo que digo es otra cosa. El amor es una clase de sentimiento, afecto, pulsión, o lo que según la psicología deba ser, que puede conducir otros afectos, otros sentimientos, bajo su poder. Incluso el odio, que como sabemos no es redondamente su contrario, o sea no es su ausencia ni su negación ni su complemento, lo obedece. El amor es un supra-afecto; y va otro chiste ilustrativo: es el macho alfa de la jauría. Y además, es un comodín, un impostor: se hace pasar por otros, y nos engaña a nosotros y a los otros. Y creo que, en parte por eso, es erróneo luchar contra el odio para que no haya violencia, y que no tiene mucho sentido buscar paz en el amor ni amor en la paz, ni siquiera trayendo esto a lo cotidiano. Hay violencia y hay odio, de acuerdo; pero ¿por qué si luchamos desde hace siglos contra el odio, la violencia persiste, y nada mejora cuando agregamos a esto that crazy little thing called love? En la batalla del Bien a favor del Bien, en la búsqueda del Bien dentro del Bien y por el Bien, han muerto millones, han sufrido millones.
Pero vos no sos un ejemplo.
¿No soy un ejemplo de pacifista? Es verdad, pero ¿y vos?
Típicamente argentino, ese pase de culpas.
Uh, loco.
Yo quería un mundo mejor.
Más bien, pero hasta Mark Chapman, en su delirio o hijadeputez, quería mejorar el mundo.
Bagism, bagism, bagism, bagism...
Lo triste es que acá estamos, todavía deseando que Chapman entre en razón. Chau.
Infiero la existencia de un ladrido porque oigo que cabalgamos. Por Dios, cómo me gusta este idioma: “Inferência do latim inferre ‘levar para’ - é uma operação do espírito pela qual se conclui através duma ideia para outra. A inferência é dedutiva, ou demonstrativa, quando a conclusão é logicamente necessária (como num silogismo, por ex.). É indutiva, ou não demonstrativa, quando a conclusão não é mais do que provável ou verosimilhante (ex: Infiro a existência dum cão se ouço ladrar)”. Es como si el castellano fuera la versión milica y sin gracia del portugués. Infiro não demonstrativamente que algunos lectores me putean. Fuente (de lecciones filosofales): este post en Marketing Axiológico.
Señor blogger: A los periodistas les encanta revolcarse en los restos de la desgracia, y lloriquear unas lástimas-títere convenientes con las que lucirse en sociedad. ¡Santo Biassatti, cuán desgarrado estoy! Usted, que no es periodista pero quisiera, escriba, y siéntase bien. Y siéntese bien, frente a la computadora, y mire con orgullo su carajiento post, ese comentario de vieja-gorda-en-peluquería, y diga: qué noble soy, qué sensible, qué comprometido, qué. Eso, eso.
Pasar a la historia. Me dice Pablo Contursi en un largo imeil: “Todos esos tratados filosóficos sobre Cromañón, habría que recopilarlos, imprimirlos, y guardarlos en bóvedas seguras, para que de acá a cien años sepan qué tan idiotas éramos en 2005, cuántas estupideces nos gustaba escribir en Argentina, cómo todos éramos de-la-noche-a-la-mañana expertos en incendios, en leyes, en rock, en bandas de rock, en música y letras de rock, en sociología, en psicología, en medicina, en química, y por qué en vez de perder el tiempo cancherando en los blogs, las revistas, la radio, la tevé y los diarios, pero más que nada en los blogs, opinando con rectitud, con soltura, fingiendo compromiso con la Verdad y la Justicia, hubiéramos hecho mejor en irnos bien a la r******* de la hermana del jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Creo que se refiere a Vilma Ibarra.
Leído al pasar. “La ciencia ficción del cine y la televisión es a ese género lo que Richard Clayderman a Chopin”.
Mente. Paulino Contartesi en revista Unrockuptables: “La mente humana es un software que corre sobre un hardware que nadie sabe cómo funciona”.
Siglos adelante. A fines del siglo I un barco mercante naufragó en las costas de la isla de Anticitera, entre Creta y Grecia continental. En 1900 alguien lo encontró: junto con el barco se había hundido un mecanismo parecido un reloj. Hubo que reflexionar bastante, pues no podía ser: el dispositivo había servido para calcular los movimientos del Sol y los cinco primeros planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Júpiter y Saturno. Ahora sabemos que los griegos se adelantaron casi 2000 años en su conocimiento del engranaje diferencial. Aunque cueste creerlo, la primera computadora de occidente se fabricó cuando todavía faltaban cien años para que naciera Cristo. (Más información: 1, 2. Ver también el artículo “Antiguos robots” de Carlos Barbarito, originalmente publicado en Axxón n. 62).
... I Love You. Mel Walsinatsz en su novela Langue.doc: “La palabra existe porque alguna vez representó algo faltante para alguien. El lenguaje es una pintura, una red, un mapa de lo que ha faltado en la historia de la especie humana. Si no encuentras palabras para comunicar un sentimiento, una idea, una sensación, o una experiencia, es porque: a) quizá no conozcas lo suficiente tu lenguaje; b) o quizá hayas descubierto un hueco en el mapa, un hilo roto en la red, y estés estrenando un deseo para nuestra especie. Si, por el contrario, nunca encuentras dificultades para comunicarte, es porque: c) quizá te conformes con poco, o tus deseos se amolden a la historia y el lenguaje te quede como una camisa holgada; d) o quizá debas conocerte más a ti mismo”.
Should I Stay Or Should I Go? No sucede mucho estar en la ciudad sin que alguna música nos asalte. Estaciones de trenes y de subtes, negocios, taxis, colectivos, transeúntes con teléfonos celulares... El problema es que uno no puede negarse a escucharla. Si no quiero escuchar a Vicentico mientras espero el subte, tengo que joderme, o irme. El problema es que creen que la música, cualquier música, es un adorno, un sonido diseñado para hacer agradables la espera y el viaje. (Alejandro Zabala está loco, pero tiene más suerte que yo. Ver su artículo en este mismo blog).
[N. del E., mayo de 2009: Se refiere a “Música de películas”].
Say No More. Estefanía Zoraida Migliazzi de Zolotachuk en su “Himno a N’anush-ita”: “Te molestan los piqueteros / porque —decís—, / rompen la ciudad / y la ensucian con pintadas. / Además, te quitan / el derecho de circular / libremente. / Un derecho que la Constitución / te garantiza, / etcétera. / Fijate que / Charly García, / ídolo de multitudes, / hace prácticamente lo mismo: / rompe y pintarrajea lo que encuentra. / ¡Charly piquetero! / Habría que ver / qué pasaría / si yo quisiera transitar / libremente / por el escenario / mientras él y su banda tocan. / Me dirían: —Salí de acá, / ¿no ves que estamos tocando?—. / Y yo contestaría: / —¡Quiero circular libremente por el escenario!—. / ¡Charly piquetero!”.
Ni hablar. El dicho “ni hablar ni pablar”, según el diccionario en línea de la RAE, “denota el sumo silencio de alguien”. El verbo “pablar” existe en castellano sólo para aparecer en infinitivo en ese dicho; y ese dicho dice acerca de los sumamente silentes; y lo dice negando. Y ese nombre, que es un verbo conjugado en una primera persona que no existe en el lenguaje...
Cuando sea anónimo quiero ser crítico. Dice un anónimo crítico de Clarín en la solapa de la contratapa de Planet de Sergio Bizzio: “Impacta por la belleza de la prosa y por la crueldad de esa belleza. Es de un encarnizamiento extraordinario, como si en esa cornisa levísima donde el arroyito degenera en cascada estuviera todo el vértigo de escribir y de leer”. Compré el libro por $2 en un puestito en la plaza; lo pagué caro, creo.
Cartas para que la alegría contiene al menos dos claves. (Sic). Me pregunto quién decidió que los diarios de Argentina dejen de usar bastardillas para marcar dentro de una oración los títulos de libros, películas, etcétera. Pero no importa, porque Arnaldo Calveyra dice en esa entrevista en Página 12: “Me encanta la palabra cuando está distante. De otra manera no encontrás la poesía. Cuando la palabra está imbuida de silencio. Cuando es palabra pese a ella, cuando más fuerte es el silencio en la palabra. Esa es la poesía, cuando hay más silencio que palabra”. Eso me recuerda algo.
Recuerdo. Una vez leí unos poemas. Tenían algo que me intrigaba. Pocas palabras, mucho espacio, unas tensiones muy particulares (inimitables, pensé) entre las connotaciones que desprendían. Los releía, los releía, hasta que caí: los espacios entre las palabras imitaban, o ilustraban en el texto, las distancias entre sus significados. Había más: esas connotaciones, que tanto brotaban del texto cuanto más lo leía, aparecían (magistralmente, creí) delante de mi vista no como duplicaciones o reflejos, no como resonancias, no como la tensión en una superficie o un espacio que se estira, se separa o se abre, y tampoco como clamor cargado, sino como una ansiedad suave de cada palabra por construir puentes hacia las otras; sin prisa. Mirar estos poemas era espiar poesía naciendo. La parte bruma-reverso de la palabra. Construcción de puentes en el desierto. La poesía en estos poemas estaba también en lo no escrito (pensé), en lo silenciado: por un lado en el ámbito material del resto en blanco de la hoja, y por otro en el subjetivo, privado, de un pensamiento que no interpretaba y que discurría casi sin lenguaje. (Esto no es broma ni paradoja: es como dejar de hablar para escuchar mejor). Percibir ese universo de silencio alrededor del tejido intangible del poema era al mismo tiempo lo peor y lo mejor. Fascinación y horror. Exaltación y anonadamiento. También pensé: nunca en mi vida voy a poder escribir así. Y ahora pienso: para escribir así tendría que pensar varios meses cada palabra antes de escribirla. Quizá tardaría un año en completar un poema que tuviera la extensión de este párrafo.
Nota mental. Y hace poco, antes de ayer, me desperté con una idea que era más o menos así: “Un tipo escribe pero no sabe qué es lo que escribe. Escribe, escribe, escribe. Pasan los años, y un día descubre que el significado del conjunto de lo escrito es: No escribas”. La misma idea dicha de otro modo: “Escribir es para mí decirme a mí mismo que deje de escribir”. Y otro: “La escritura se perpetúa a sí misma. Compito con ella: lucho para que mi persona me siga perteneciendo a mí, y no a ella. Más escribo, más otorgo”. No sé si es verdad, pero es lo que en mí se pensó antes de ayer. Espero que no. (Nota mental: releer “Silencio” de Poe).
Ajá, muy lindo, sí, sí. Bien ahí con esa reflexión que no refleja nada salvo que no me atrevo a escribir ficción ni poesía porque soy un cobarde como tantos papagayos y cacatúas bloguenses egocentrados en posar procerilmente para una foto que nunca llega ni aunque se peinen su pobre mediopelo con actitud de Literato mayúsculo pero sin serlo pues no son más que vedettes octogenarias sobreoperadas que se pelean debajo de la mesa a los arañazos por un cacho de pizza embarrada y con hormigas en una fiesta a la que yo iría solamente para vomitarles encima. Y no sé.
Encima. Y encima, parece que creen que alguien les hubiera otorgado con exclusividad el derecho de hablar de Literatura, con el resultado de que su imaginario monopolio es el de todo lo literario decible: como si cada cosa que dijeran entrara automáticamente en el campo de Lo Literario sin fisuras, un círculo cerrado de flores que se tiran unos a otros eternamente en altísima nube de pedos.
Producción Cultural. En la página 61 de su libro de 1998 Buenos Aires: Perspectives on the City and Cultural Production un tal David William Foster menciona a un tal Pablo Contursi porque (según me cuenta en un imeil) así se llamaba un conocido letrista argentino de tango. Foster asegura allí (ver Google Book Search) que la frase “Percanta que me amuraste” corresponde a una obra compuesta por el tal Contursi y por Samuel Castiosta. Compuesta por Pablo Contursi, es decir. Si alguien quiere avisarle, que lo haga; a mí me dio no sé qué. (No quiero quitarle al único Pablo Contursi que conozco su debut onomástico en la literatura yanqui).
¿Qué es el tango? El hondo dramatismo de esa anécdota puede leerse transfigurado ahí, en La Idea Fija n. 6.
No. “No es verdad, pero qué más da”, me dice Pablo Contursi en un imeil. “Lo que sí es verdad es que no entiendo por qué cuando alguien hace el consabido retruécano con mi apellido se toma unos segundos y me pregunta entre risitas: ‘No te lo tomaste a mal, ¿no?’. No es que pase todo el tiempo, pero pasa. Más de lo que debería. Respondo: Nunca en mi vida, ni siquiera cuando iba a la escuela primaria. Tampoco me causa gracia. Lo raro es que si digo esto último, la gente entiende que sí, que me molesta. Y no, no me jode; tampoco me causa gracia. No me jode en lo más mínimo, ni me causa la mínima gracia. No me produce nada. Si me decís esa frase, te voy a mirar sin reírme y sin enojarme, algo asombrado de que tantas personas que nunca se han conocido unas a otras se comporten exactamente de la misma manera en situaciones tan separadas en el tiempo y en lugares distintos”. Como que sos re buena onda, ¿eh? “Cambiando de tema, si no ponés un link a mi cuento en Axxón en tu diario de navegación, no te publico nada. Ah, y explicá que la nota biográfica está desactualizada”. Rectifico: no sé si buena onda, pero complicado al pedo, seguro. ¿Algo más?
Qoerqiowe. Espacio de publicidad. Si A = “psique”, B = “cuerpo”, C = “mundo”, entonces en Axxón n. 149 publicaron un cuento que muestra otra posible relación entre los conjuntos o las clases A, B y C. (En el universo que habitás, estimado lector, se cumple que “C incluye a B” y que “B incluye a A”, pero es pura casualidad, creeme. Sí, sí, está bien: en cierto modo C está incluido en A, pero ni vos ni yo estamos en condiciones de precisar ahora cuál es ese cierto modo. Porque, en realidad, ese cierto modo es la suma de todos los conocimientos de la especie humana).
¿Algo más? Para qué pregunto. “El Pingüino Rosado se llamaba un fanzine que yo hacía en 1998 y que repartía en recitales de mi banda en aquel entonces, Salamanca”, dice Contursi. “Mr. P. C. es su continuación por otros medios, aunque estos medios no son tan otros, ya que algunos textos tuvieron un paso fugaz por la red: acá, en esta marabiya de la siensia que es la Internet Wayback Machine, hasta el fin de los tiempos se conservará el título de la página web que Sebastián Uribe (ahora en Inmune Games) diseñó para nosotros. En el número 7 del fanzine, que nunca nadie leyó, había dos poemas de Hernán Terrizzano (antes él me había publicado en un fanzine que se distribuía en Fidonet). También había autores imaginarios, y chistes que causaban menos gracia que desconcierto, y traducciones, y citas, y textos generados por computadoras, y una foto de un polaco nacido en la ciudad ucraniana de Lviv (que los alemanes llaman Lemberg, qué cosa) en 1921. En mayo de 2000 imprimí el número 6, que fue el último en salir”.
El estegosaurio de gomaespuma. Un signo del horóscopo mongol según El Pingüino Rosado n. 7: “¿Estás triste porque tu novio/a te dejó? ¿Has intentado todo y sigues deprimida/o? ¡A no preocuparse! Quizá sea momento de que inicies una evasión de la realidad. En el mundo actual hay una enorme variedad de medios para huir de la manera más cobarde de lo que te angustia... ¿Has pensado alguna vez en las drogas? ¿Has notado lo populares que son? No te creería si insinuaras que ignoras por completo la cantidad de inspirados artistas, encumbrados políticos, sagaces empresarios, y ¡hasta deportistas! que entregan su voluntad a aparentemente mínimas (pero no poco poderosas) dosis de sustancias químicas nocivas que alteran la conciencia. Tal vez sea momento de que te plantees la posibilidad de conseguir una adicción a alguna droga fuerte. De seguro en tu barrio hay varios dealers dispuestos a venderte toda clase de venenos que dejarán tu cerebro tan achicharrado que apenas notarás la diferencia entre un fracaso sentimental y una cáscara de naranja”.
Clásico. Elsa Kalish en su sección en El Interpretador n. 14: “O un día te puedo llevar a San Miguel a la madrugada para que veas con tus ojos ciegos bien abiertos cómo la interculturalidad global funciona cuando los chicos de clase media baja para arriba salen de Coyote y vienen los ‘Pitufos bolis’ que salen de El nodo y El mito y se recagan a piñas”. Bueno, eso es un clásico: las agarradas en la calle Tribulato, con cuchillazos y tiros también. Les cuento algo: en otra época las peleas eran de uno contra uno. Total de personas en la pelea: 2. Esas dos personas se cagaban a palos, y había un vencedor y un vencido, o dos vencidos (pero nunca dos vencedores), y listo: cada uno se iba a su casa a curarse las heridas. Ahora la cosa es distinta: agarran a uno entre varios y si cae al piso lo siguen pateando hasta que se cansan. Y a veces, si tenés mala suerte, y si en el grupo que te golpeó en la calle Tribulato hay, digamos, un hijo de un intendente, podés morirte tranquilo que nadie va a investigar.
[N. del E., mayo de 2009: El autor se refiere al asesinato de Sebastián Torrás].
Customized Classics. Increíble. ¿Leyeron “Do Yourself A Book”, de Stanislaw Lem en Vacío perfecto (escrito en 1971 y editado en castellano por Bruguera con traducción de Jadwiga Maurizio)? Una idea graciosa, ¿no es cierto? Absurda, ¿verdad? Bueno, esto es algo en esa onda. No: es más ridículo. Mucho, mucho más ridículo. Increíblemente más ridículo, digamos. Porque es de a de veras. Y además porque solamente cambian los nombres de los personajes. Ah, y te ponen en la tapa.
Revelación clásica. Un tal Andrew Druckenbrod dice acá que muy probablemente Bach no compuso Toccata y fuga en re menor. Fuente (de altas probabilidades): Post Gazette de Pittsburgh.
[N. del E., mayo de 2009: Nunca me pareció que esta obra tuviera nada de bachiana. Nada de nada; y ni siquiera me gusta. La lectura de Retamar no suele depararme buenas noticias: y por eso lo anoto].
Tres negaciones. —Ey, ¿tenés faso? —me dicen en la estación de tren.
—No, no tengo —contesto.
—¿Y un pase? ¿No tenés un pase?
—No.
—Estás re acelerado, ¿no?... Jueves a la noche...
—No —digo, y el tipo se va.
No era jueves, además. Era viernes.
Cartel. El río indómito no se detiene ni cambia su curso. El asunto no es avanzar: hay que mantenerse a flote. No trates de sacarte la piedra que ataron a tus pies.
¿No? ¿Por qué no bautizar a las personas cuando mueren? ¿O por qué no rebautizarlas, o debautizarlas? (A una isla desierta yo me llevaría la Wikipedia).
última revisión: 30 may 09
