
Mark Rothko, Ocre y rojo sobre rojo (1954)
lecciones abandoné las clases sin haber podido aprender
ni a medias el minué. Esta sola palabra me hizo desde
entonces reír y temblar a un tiempo...
ALFIERI, Vida, VI
Rubalcaba podía comenzar una oración en griego, continuarla en rumano con circunstanciales de lugar en alemán pero declinados conforme al gótico del siglo V, divagar verbos con raíces quichuas y desinencias húngaras, y borrar las elipsis resultantes de la mezcla con una síntesis en tailandés. En una carta en francés anotó en 1996: “Cada idioma tiene un gusto particular. Mi lengua los siente, cuando hablo. Los fonemas del portugués son dulces, mientras que los del polaco son picantes. Los significados en castellano tienen un sabor extrovertido como un bizcocho, y aquellos en japonés uno relampagueante como el tofu”. Escribía sus notas de uso privado en un lenguaje que había inventado, incomprensible para nosotros. Lo llamaba puispouxi, y usaba “afonemas” imposibles de pronunciar. Ni consonantes, ni vocales: sólo movimientos silenciosos de la lengua y los labios. Con los años, sus novias, que se contaban por decenas, acabaron por entender algunas frases en puispouxi; lo enaltecieron, en un discurso en el funeral de Rubalcaba, como “único medio apto para la expresión del amor y sus placeres”. En 1985 él había declarado: “No es una lengua erótica el puispouxi. Sucede que con las mujeres no hablo y no hago sino placeres y amores”. Rubalcaba podía besar y al mismo tiempo decir “deseo besarte” en su beso. Tal parece, por testimonios que dejaron sus amantes, que usaba otras partes de su cuerpo para “hablarles” en ese idioma.
En 2001, año en que murió, escribió en alemán:
“En un lenguaje, los dialectos, los idiotismos y hasta las entonaciones regionales son cosas que ninguna gramática puede controlar. Pero eso no es todo. Una función sintáctica, por ejemplo el sujeto, cobra distinta tensión en una sentencia, según ésta sea en inglés o en mongol. No por los términos que se usen, sino porque la misma función está deformada. Podría decirse que cada idioma altera, en sí, la función sintáctica universal abstracta en una tensión propia. Comentan que puedo combinar la gramática de un lenguaje balcánico con un léxico nativo americano y producir un texto que, traducido al finlandés, se asentará en un sentido unívoco, y de connotaciones ubicuas y estables como las del S-spot, ese sinxa sin dimensión y con smuni ilimitado que ideó el eterno Mel Walsinatsz. No es cierto, ya que no existe la función sin la sintaxis, ni la sintaxis sin la gramática, ni la gramática sin el término. Y el término no existe sin el sonido. Y sucede que en la realidad —en los lenguajes— no hay funciones universales; sólo hay tensiones propias. Artificialmente pueden aislarse la función y el sonido, como saben los transductores —como necesitan saberlo—, pero esto provoca la superposición de las tensiones propias del primer lenguaje (lo transducible) a las del segundo (lo transducido). Esto produce una tensión agregada que compone la materia lingüística intransferible. En el extremo visible —evidente— del espectro de lo intransferible está el sonido; en el otro —oculto—, las tensiones. Dada la oración Der Wagen ist rot no es posible encontrar un elemento que cumpla una función a la vez real y universal de sujeto: las funciones sintácticas universales son imaginarias. Hay en esa oración, eso sí, una tensión-sujeto (en der Wagen), que de ninguna manera puede igualarse a la tensión-sujeto de the car en The car is red, ni a la de el auto en El auto es rojo. Entiéndase que no me refiero a los sonidos ni a los significados de las frases der Wagen, the car y el auto, sino a sus nichos sintácticos dentro de esas oraciones, dentro de sus idiomas. Es en la intimidad de un lenguaje dado que encontramos su singularidad sintáctica esencial, y por eso no existe una Ley Gramática Universal. (Creer que el aprendizaje de la lengua es una capacidad innata es tan ridículo —o para el caso, tan indiferente— como creer que todos tenemos al nacer la misma habilidad para jugar al ping-pong). Para que existiera una tal Ley, habría que inventar un código (no me atrevevería a llamarlo una Lengua) basado en las singularidades ocultas, en esas tensiones poco visibles y no en los sonidos. En toda sintaxis subyace un smuni global, puramente holístico, sistémico, aunque no semántico —porque está fuera del sinxa, y no dentro—, una fuerza gravitatoria de poderoso alcance, pero invisible a escala local. Cuando digo I am Efraín, la tensión-sujeto es diferente que cuando digo Yo soy Efraín, o Ich bin Efraín. Aun si yo, Efraín, soy quien lo dice, la tensión-sujeto es otra en cada pronombre, en cada oración. Estas tensiones de las que hablo son ligaduras hacia el mundo, hacia los objetos y seres y eventos que hay en el mundo, y afectan, al matizar remotamente los significados de los términos, al sujeto hablante y al oyente. Las tensiones son resabios silenciosos de ontologías arcaicas, nacidas junto con el lenguaje. Si, como creo, en todo lenguaje las tensiones propias son exclusivas, no me atribuyo un mismo papel (no ocupo la misma función) si digo I am Efraín que si digo Yo soy Efraín, por más que estas oraciones signifiquen cosas muy parecidas... Cuando hablo, soy otros. Para no ser otros, debo callar”.
En 2002 se erigió una estatua en honor a Rubalcaba en la Plaza de la Concordia, en la ciudad de Ein-är-Orn, Islandia. Se comenta que Danny De Vitto producirá, dirigirá y protagonizará una película sobre su vida.
última revisión: 19 feb 09
