Julio Cortázar dijo en una entrevista que creía que Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire fueron una misma persona
[1]. Y Borges se preguntaba en “Nueva refutación del tiempo”
[2] si aquel que lee a Shakespeare no es literalmente Shakespeare. Dos insensateces.
Reflexiones que hacen menos original mi imprudencia de opinar (en similar tono de insensatez) que Stanislaw Lem y Philip K. Dick fueron, en cierta ocasión (en ciertos textos), la misma persona.
1. Escepticismo
Lem y Dick han creado situaciones ficcionales afines:
A causa de haber sufrido una serie agotadora de engaños sensoriales o mentales, un personaje llega a un estado de incredulidad acerca de toda percepción y de todo pensamiento. Habiendo experimentado incontables ilusiones (y desilusiones), ya no puede confiar en su juicio ni en sus percepciones, y arriba a un estado de máxima desconfianza, a una especie de paradójica locura, que le impide tomar en serio a la realidad. Ve la realidad, pero cree estar alucinando. Cree estar enfermo de la mente, pero está sano.
Curiosamente, mientras el personaje era presa de confusión y alucinaciones, confiaba (erróneamente) en su capacidad de discernimiento. Y luego, cuando entra en contacto con la realidad, piensa (erróneamente) que está fuera de ella: se cree incapaz de toda sensatez y de toda claridad; se cree incapaz de cordura. Es decir que cuando creía estar en cordura, estaba en locura; y ahora que está en cordura, cree estar en locura.
Acérrimo escepticismo, veneno para la mente.
2. Introspección
En el cuento de Dick “Quisiera llegar pronto” (1980)
[3] el personaje es Víctor Kemmings. En la novela de Lem
Congreso de futurología (1971)
[4], el personaje es Ijon Tichy
. Los dos sufren primero una locura típica (una desconexión de la realidad) y más tarde una locura paradójica (una falsa percepción de desconexión de la realidad). La locura común de Kemmings nace de una agobiante iteración de recuerdos provocada por una entidad externa; la de Tichy, de la intoxicación con alucinógenos.
El desequilibrio mental de aquel que sufre la locura paradójica no es resultado del exceso de ilusiones ni de la fe ciega en ellas (como suele ser en la locura típica), sino de la convicción de que todo lo percibido es, precisamente, un producto de su imaginación. “Si tantas veces aquello que parecía real ha revelado ser una pura ilusión, un engaño de los sentidos y de la mente, ¿por qué ha de ser real lo que estoy percibiendo ahora?”, podrían pensar ambos personajes. Enemiga de la ilusión y del delirio sensoriales, la locura paradójica consiste en mantener la creencia de que lo que aparece como realidad es una compleja y muy convincente alucinación. (Ese estado de desequilibrio es pasajero para Tichy, mientras que Kemmings jamás se recupera).
[5]
Si el recuerdo (en Kemmings) y la alucinación (en Tichy) son procesos introspectivos (pues suceden dentro de la mente, pese ser respuestas a estímulos externos), se puede decir:
Desmesura en introspección, veneno para la mente.
3. Repetición
Una resonancia del tema, otra posible correspondencia, aparece en la novela
Solaris de Lem
[6]. En ella, las creaciones F, entidades misteriosas que atormentan a los habitantes de la estación, son dolorosos contenidos de la psique transportados al mundo material. El fantasma que acosa a Kris Kelvin (personaje principal y narrador), es una copia casi idéntica de una mujer llamada Harey con la que él mantuvo una relación años antes. Si, como se teoriza en la novela, estas entidades son “quistes psíquicos” copiados de mentes humanas sometidas a una “disección”
[7], quizá los residentes en la Estación Solaris hubieran comprendido a Kemmings, quien en otro planeta (en otro relato) dice:
Pasé más tiempo en mi propio inconsciente que ningún otro ser humano en la historia. Fue peor que el psicoanálisis de principios del siglo XX. Y el mismo material una y otra vez. [8]
Kelvin y Kemmings sufren idénticamente: son llevados una y otra vez a pasados que no pueden soportar. Harey (para Kelvin) y los mundos virtuales (para Kemmings) son pesadillas recurrentes, infernales ciclos de repetición. En
Solaris el pasado visita el presente encarnado en un personaje femenino; en “Quisiera llegar pronto” el protagonista realiza viajes a su memoria. La confesión de los pecados ante un sacerdote, el negocio de palabras y símbolos con un psicólogo, son procedimientos espirituales que abrevan en la histórica costumbre de repasar culpas para limpiarlas, y de aligerar la cruz compartiendo con otro los jeroglíficos del sufrimiento. Y darse al recuerdo y a la revisión del recuerdo suele aconsejarse como eficaz búsqueda de antídotos contra los defectos de la personalidad, a los cuales muchas veces (sobre todo en la tradición judeocristiana) se señala como causantes del dolor propio. Pero revivir el pasado incesantemente, repitiendo actos o rememorando sucesos infortunados, sin enfrentar el futuro ni transitar el presente, es encerrarse en un infierno temporal: una prisión de momentos. “Y el mismo material una y otra vez”, se quejaba Kemmings.
Repetición del pasado, veneno para la mente.
4. Literatura y evasión
En “Los mitos del mundo moderno” Mircea Eliade dice que la lectura de literatura es una de las “principales vías de evasión” del hombre moderno
[9]. La lectura proporciona según este autor una “modificación de la experiencia temporal” y obtiene “una ruptura de la duración y al mismo tiempo una salida del tiempo”. Constituye, en el fondo, un intento por escapar del presente, y “permite la ilusión de un dominio del tiempo en el que tenemos derecho a sospechar un secreto deseo de sustracción al devenir implacable que lleva a la muerte”. Todo ello es resabio del “comportamiento mítico” en el hombre moderno.
En
Congreso de futurología hay párrafos enteros en los que lector y personaje pierden la noción del tiempo en el relato (en el mundo ficticio del relato). Cuando Tichy no sabe en qué época vive, ni quién es, ni dónde está, tampoco lo sabe el lector. Los rastros de la veta mítica en la literatura están a la vista: Tichy es un personaje que cumpliría el ancestral deseo humano de escapar del tiempo y de desconocer la primacía de la muerte.
Por otro lado, las historias de Kemmings y de Kelvin (dos angustiados, dos inadaptados al cambio) son travesías en mares de incertidumbre temporal: desafortunadamente para ellos, un recuerdo muy vívido (de algo que existió) y una alucinación (de algo que no existe) pueden fundirse en una y la misma percepción. (La fusión se produce simbólicamente en la psique de Kemmings; y materialmente en el planeta Solaris, donde son posibles fenómenos que en la Tierra no).
[10]
Alguien podría argüir que en vez de situarse en el linaje de lo mítico, “Quisiera llegar pronto” y
Solaris lo contradicen, pues impiden la evasión a la que se refiere Eliade. Y que, como pesadillas (que son sueños que interrumpen el sueño), estas ficciones no hacen nada en favor de distraer a la conciencia del “devenir implacable”. Kemmings y Kelvin sufren culpas no elaboradas, respectivamente en la forma de sueños y alucinaciones (o materializaciones de recuerdos) que no alivian ninguna inquietud en el lector. La evasión fallaría, entonces, porque el temor a la muerte y al dolor le da la bienvenida al lector ni bien ha abierto la puerta de escape: en el texto. “La puerta de salida lleva adentro”, para citar palabras de Dick
[11]. Y alguien podría argüir que, además de hacer poco por ayudar al lector a evadirse de su realidad, estas ficciones lo asustan con ella, lo ahogan con ella. Y que no lo distraen de la muerte sino que en ella se concentran.
Bien podría hacerse una síntesis que conjugase la necesidad de evasión con una restricción que la supera en poder.
Congreso de futurología, bien leído, tampoco es unidimensional: el libro tiene mucho humor y un final “feliz”
[12], pero de a ratos es muy pesadillesco. ¿Los escritores inventan historias porque no soportan la vida? Lo malo es que en sus historias vuelven a encontrar esas cosas que no soportan, esos fantasmas de los que huyen. ¿Los aficionados a la literatura leen historias porque no soportan la vida? Bien, pero ¿qué otra cosa sino reflejos deformados de la vida encontrarán en los libros?
Ninguna evasión literaria o artística puede escapar a una restricción de mayor jerarquía: la condición humana limitada por la muerte.
Una posible síntesis, entonces: La evasión en la literatura es un deseo irrealizable.
5. Ciclos infernales
Mencioné tres principios que, convertidos en acción y practicados en exceso, pueden resultar venenosos para la mente: el escepticismo, la introspección, la repetición. Demasiado escepticismo y demasiada introspección llevan a una desconfianza del exterior, luego al aislamiento, y finalmente al solipsismo. De una mente viciada de solipsismo no emerge más que la repetición de los recuerdos del sujeto (puesto que en el mundo nada existe, puesto que en el presente no hay objeto alguno), o bien una elaboración de dichos recuerdos (la imaginación, o sea).
Y la repetición es al tiempo lo que una cárcel es al espacio.
En “Quisiera llegar pronto” y en
Solaris los infernales ciclos de repetición son cárceles para Kemmings y Kelvin. Ellos desean que los ciclos se interrumpan, y el lector, por su parte, es movido por la necesidad de averiguar si dichos deseos se cumplirán. (La lectura no es otra cosa que la ejecución de esa inquietud. Podríamos aventurar, quizá, que en todo texto literario se entabla una dialéctica de cruce de deseos —concordantes, contrarios, divergentes, independientes— entre lectores y personajes). Los lectores experimentamos esos ciclos infernales (las narraciones) con el ansia de que cada uno sea diferente a los anterires. Y así es, pues cada lectura es un pasar por un mismo lugar (el libro) que sin embargo cambia, pues en el mismo acto de leerlo ya hemos sido modificados (con lo cual la segunda lectura no será igual a la primera). Toda narración es, entonces, un ciclo que puede repetirse: inclusión de un tiempo (el del mundo del relato) en otro (el del mundo real).
Estos flujos temporales se presentan obedeciendo a jerarquías precisas. Los ciclos pequeños están incluidos dentro de otros, más grandes. Los ciclos pequeños son las creaciones F (para Kelvin), las alucinaciones (para Tichy), y los mundos virtuales (para Kemmings); y los ciclos grandes son las narraciones (
Solaris,
Congreso de futurología y “Quisiera llegar pronto”). Ambas clases de ciclos están a su vez insertas en un proceso irrepetible, mucho más grande. (Todos los flujos temporales obedecen a una jerarquia máxima, que es la muerte).
El proceso irrepetible es mi vida.
¿Es irrepetible?
Quiero suponer que mi vida no es un ciclo de repetición, quiero creer que no es un relato. ¿Puedo confiar en este supuesto, en esa percepción acerca de mi vida?
6. El mito dentro del mito
Me gustaría pensar que los ciclos pequeños son para Tichy, Kelvin y Kemmings lo que sus historias son para los lectores. (¿Qué son estos ciclos pequeños sino experiencias de salidas del tiempo? Kelvin y Kemmings vuelven al pasado; Tichy viaja imaginariamente al futuro). Los personajes, podría pensarse, establecen con sus fantasmas (con sus traumas, diría un psicoanalista) unas relaciones similares a las que el lector establece con las tres narraciones. Leerlas sería como dar dos saltos fuera del tiempo profano, algo así como revivir el “Gran Tiempo” del que habla Eliade por partida doble: una experiencia del mito dentro de otra.
Pero me parece que en el caso de “Quisiera llegar pronto”y de
Solaris, los lectores somos devueltos a aquello de lo cual la lectura (según Eliade) nos quiere alejar: al momento presente, a la conciencia de que el tiempo fluye sin nuestro consentimiento. Y también, a la insatisfacción del deseo de sustraerse del tiempo y de su “devenir implacable”. Si la evasión literaria perfecta no existe, es un hecho bastante notable en estas ficciones. Dominamos, es cierto, el “tiempo concentrado” y “quebrado” de un relato en el acto de su lectura (o de su interrupción); pero está fuera de nuestra voluntad el salvar a Kemmings y a Kelvin de sus penas. La imposibilidad de la evasión literaria en el lector se refuerza por otra: la incapacidad de los personajes para modificar su pasado.
Si alguna vez hemos sentido temor al “devenir implacable”, lo reviviremos en estos relatos. Mientras los estemos leyendo.
Lectura, antídoto inútil contra la muerte.
7. La imposibilidad de la evasión
Si creo que mi vida no es un ciclo de repetición, ni un relato, ¿puedo confiar en esa sensación? En realidad, si se trata de una ilusión, no hay modo de saberlo; al menos, mientras uno esté en la vida.
Es mejor confiar. De lo contrario, si uno no conoce medias tintas, el riesgo es participar de la identidad de Tichy y Kemmings, y asociarse con ellos en la mayor magnitud del escepticismo, la incredulidad acerca de todo lo que existe.
8. Posdata tampoco sensata
Otra explicación, imprudente y poco sensata, para las locuras de estos personajes: Kemmings y Tichy eran una misma persona.
Pero no estaría bien afirmar que Dick y Lem eran una misma persona. Porque hacerlo sería como convertir a este texto en un cuento fantástico o de ciencia ficción.
(Todo lo precedente a esta nota sería una acumulación de datos y reflexiones dispuestas de un modo persuasivo sólo para darle al relato esa intención de verdad que tienen los ensayos).
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1. Ernesto González Bermejo, Conversaciones con Cortázar, EDHASA, 1978. (Citado en: Revista La Maga, Edición Especial: “Homenaje a Cortázar”, Bs. As., 1 de noviembre de 1994, p. 5).
2. Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones, Bs. As., Sur, 1952.
3. “Quisiera llegar pronto”, en: Philip K. Dick, La mente alien, Bs. As., Colihue, 2001.
4. Stanislaw Lem, Congreso de futurología, Barcelona, Bruguera, 1981.
5. Ver: La mente alien, p. 273; Congreso de futurología, p. 84.
6. Stanislaw Lem, Solaris, Barcelona, Minotauro, 1988.
7. Solaris, pp. 83, 97.
8. La mente alien, p. 270.
9. Citas tomadas de una copia impresa de dicho texto, sin datos editoriales.
10. Queda descartada acá la cuestión de si lo que Kelvin relata (desde las últimas páginas del capítulo cuarto hasta la página 201) es real o es una alucinación. Al final del capítulo cuarto Kelvin realiza un experimento muy dudoso para averiguar si está loco, y llega a la (dudosa) conclusión de que no lo está.
11. “La puerta de salida lleva adentro” es título de un cuento de Dick incluido en La mente alien.
12. Congreso de futurología, p. 192